Reseñas

Revista del Archivo General de la Nación 2025; 40(2); 137-141

1
Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Trujillo. ORCID:
https://orcid.org/0000-0003-
3650-1010
. Correo electrónico:
isaactru@hotmail.com
.

Citar
como: Trujillo,
I.
(2026).
Manuel
Burga,
Para
qué
aprender
historia
en
el
Perú
(3ra
edición,
corregida y aumentada). Lima: Reino de Almagro, 2025; 211 p.
Revista del Archivo General de la
Nación
, 40(2), 137-141. DOI:10.37840/ragn.v40i2.193.

Recibido: 02/02/2026. Aprobado: 12/02/2026. En línea: 05/08/2026.

2
Burga, M. (2005). La historia y los historiadores en el Perú. Universidad Nacional Mayor de San Marcos;
Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

Manuel Burga,
Para qué aprender historia en el
Perú
(3ra edición, corregida y aumentada).
Lima: Reino de Almagro, 2025; 211 p.
Isaac Trujillo
Coronado
1
En
1993,
Manuel
Burga
publicó
Para
qué
aprender
historia
en
el
Perú
,
con
el
respaldo editorial de la Derrama Magisterial, texto que sería nuevamente presentado
el año 2005, pero como parte de un estudio mayor
2
. En 2025, tres décadas después,
ha publicado una versión corregida y ampliada de la obra original, en donde, además
de reexionar sobre el aprendizaje de la historia en el Perú y la manera en la cual se
fue formando una conciencia histórica nacional, suma ahora dos nuevos ensayos: uno
sobre lo andino y lo occidental en la caracterización del país, y otro sobre la nación
en el bicentenario.
En la primera parte («Para qué estudiar historia en el Perú»), Manuel Burga indica,
siguiendo al historiador inglés Edward H. Carr, que su reexión está marcada por
la circunstancia histórica que vivía al momento de redactar el texto en 1992, año
de profunda crisis social, política y económica, durante el cual, a nivel nacional, se
suceden la captura de Abimael Guzmán, el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori
y los efectos del paquetazo durante el viraje económico hacia el libre mercado de su
gobierno. A nivel internacional, era el tercer año desde la caída del muro de Berlín y
el primero desde la desintegración de la Unión Soviética. La polarización ideológica
parecía haber llegado a su n, se veía erigirse al sistema capitalista como triunfante a
nivel mundial y, sobre esa ola triunfalista, el lósofo Francis Fukuyama anunciaba el
«
n de la historia
».

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En este contexto histórico de bonanza en el primer mundo, Burga intenta comprender
por qu
é
el Perú se encuentra sumido en una profunda crisis de la cual parece no poder
salir, mientras en otras realidades de Occidente se ve un progreso descollante (Europa
y América del Norte). El autor, a partir de su conocimiento de la historia universal,
considera que el origen de ese desequilibrio está ligado al nacimiento de la modernidad,
que da lugar a la existencia de estados centrales y periféricos (más adelante, pa
íses
del
primer y tercer mundo).

Burga entiende que este problema se debe al intento de los peruanos por verse reejados
en el espejo histórico de la modernidad europea, copiando y llevando a la práctica sus
modelos y teorías a través del tiempo, sin tomar en cuenta las particularidades locales
y nacionales. En su análisis, identica cuatro modernidades en la historia del Perú:
la primera, en el siglo XVI, iniciada con la Conquista; la segunda, en el siglo XVIII,
a la cual designa como
«
modernización burocrática
»
; la tercera, en el siglo XIX, a la
cual denomina
«
modernización política
»
; y la cuarta, denominada
«
modernización
comercial
»
(p. 52, 54 y 61). De todas ellas, considera a las dos últimas del periodo
republicano
como
modernizaciones
fallidas.
Burga,
más
allá
de
mostrarlas
como
arcaizantes, intenta destacar que toda modernización impuesta sin la existencia de
un proyecto de nación propio fracasa o está condenada a ello, pues las consecuencias
de su mala aplicación se maniestan en el deterioro del Estado, la economía y la
sociedad civil; lo cual, en el caso peruano, ha provocado una
«
frustración colectiva
»
.
Precisamente, se ha pensado la historia del Perú dentro de estas
«
modernizaciones
»
,
por lo que ha trascendido una sensación de impotencia.

Luego de este análisis de la historia peruana, Manuel Burga se pregunta, entonces:
¿para
qué
sirve
la
historia
en
el
Perú?
Se
responde
que
sirve
para
liberar
a
sus
habitantes, justamente, de las fallas antes descritas, de una carga histórica de procesos
de modernización fallidos; y también para construir una
«
memoria sana
»
de su pasado,
en la cual se sientan identicados sin complejos, ya que solo así podr
án
enfrentarse
a
los
retos
del
futuro.
La
historia
sirve,
entonces,
para
que
los
peruanos
puedan
conocerse y apreciarse mejor a sí mismos, lo cual se consigue evitando considerar sus
orígenes como
«
bárbaros
»
. Luis Villoro (2005) sostiene, al reexionar sobre el caso
de México, que la historia sirve para darle cohesión a la comunidad, pero también para
actuar como crítica e instrumento de cambio de la misma. Burga coincide, en gran
medida, con este modo de entender la historia, pero enfatiza su función como medio
para crear identidad.

El autor se pregunta si la historia del Perú forma, también, parte de la historia del
progreso, propia de Europa. La respuesta que ofrece es negativa, pues sostiene que
la
primera
modernidad
europea
fue
posible
gracias
a
la
acumulación
originaria
derivada de las riquezas extraídas de las sociedades americanas conquistadas, entre
ellas la peruana. Siguiendo a Pablo Macera, considera que la modernidad europea
se
manifestó
en
el
Perú
como
una
modernidad
arcaizante,
porque
retrotrajo
a
las
sociedades
andinas
a
una
etapa
anterior
a
Chavín.
Debido
a
esto,
no
sorprende

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Coronado

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que
la
primera
manifestación
de
una
conciencia
histórica
del
Perú
sea
sobre
la
«
memoria del bien perdido
»
, expuesta por el Inca Garcilaso (p. 97). La conquista
habría provocado un desajuste en la percepción del pasado, al quedar destruidas las
relaciones económicas de reciprocidad y redistribución que había dado bienestar a los
habitantes del Tahuantinsuyo. Con la llegada de los españoles, un grupo de hombres
pasó a componer una élite, dejando relegada a la mayoría de sus habitantes. Si bien
en el virreinato hubo leyes favorables a los indígenas, los cuales podían reclamar
sus derechos y privilegios, y ser escuchados incluso presencialmente por el rey, ello
habría contribuido, precisamente, a asimilarlos con el n de estabilizar la colonización
entre ellos. Vale decir, de internalizarla hasta el punto de que llegaran a normalizarla.

Las reformas borbónicas y el despliegue burocrático implementados para controlar la
economía y la política se realizó con más fuerza luego de la rebelión de Túpac Amaru
II. El autor ve en este acontecimiento un punto de quiebre histórico entre los criollos
y los ind
ígenas, al ser
estos últimos traicionados por los primeros. Los criollos, que
inicialmente
apoyaron
la
rebelión,
se
apartaron
del
movimiento
cuando
comenzó
a
radicalizarse,
pues
a
pesar
de
su
cuestionamiento
de
las
reformas
borbónicas,
encontraron más seguridad y garantía siendo leales a la monarquía española que a
sus aliados indígenas; una desconanza que se prolongaría a través del tiempo y no
permitiría construir, posteriormente, una nación.

A pesar de ello, el autor considera que hubo un esfuerzo de parte de los criollos por
implantar los ideales de la Ilustración, pero que estos no se vieron reejados después
de la Independencia. Durante el siglo XIX republicano, la mayor parte de la población
(los indígenas) perdi
ó
derechos que, en tiempos del virreinato, poseía. Ya en el siglo
XX, las brechas sociales persistieron: los indígenas continuaron siendo explotados
como lo habían sido antes e incluso con mayor intensidad, y los terratenientes se
volvieron más poderosos al apropiarse de un n
ú
mero considerable de tierras comunales
debido a la inexistencia de un Estado fuerte que los limite.

Burga sostiene que la
«
modernización política
»
del siglo XIX fracasó porque los criollos
solo
copiaron
modelos
extranjeros,
incompatibles
con
la
realidad
socioeconómica
peruana, y no intentaron elaborar uno propio que tomara en consideración
«
nuestras
condiciones reales de existencia
»
(p. 65). La
«
modernización comercial
»
, propugnada
desde Arequipa entre nes del siglo XIX y comienzos del XX, fracasó porque la
oligarquía local no pensó en sus intereses como intereses de la nación, a diferencia de
los criollos de inicios del siglo XIX.

En la segunda parte (
«
El Perú: ¿andino, occidental o andino-occidental?
»
), el autor
analiza la conciencia nacional peruana a partir de los discursos históricos elaborados
a lo largo del tiempo, entre los siglos XVI y XX, identicando cinco de ellos: 1) la
«
versión inca de la historia andina
»
; 2) la
«
versión hispana de la historia virreinal
»
; 3)
la
«
versión criolla de la historia nacional
»
; 4) la
«
versión indigenista nacional
»
; y 5)
la
«
historia nacional cr
í
tica
»
(pp. 87-91). Considera que las tres últimas versiones, que
abarcaron aproximadamente dos siglos (entre nales del XVIII y el XX), hantenido en

Manuel Burga, Para qué aprender historia en el Perú (3ra edición, corregida y aumentada). Lima: Reino de Almagro, 2025; 211 p.

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común el haber
«
presentado la historia como la memoria del bien perdido y como una
sucesión de ocasiones desperdiciadas
»
(p. 97). Debido a ello, Burga propone un discurso
de nación que no excluya ninguna memoria histórica del pasado. Si bien el discurso de
la
«
historia nacional cr
í
tica
»
es aquel con mayor presencia en la actualidad, los demás
continúan teniendo vigencia, pues a partir de ellos se ha ido construyendo la nación.
Sin embargo, deende una denición subjetiva de esta, porque remite
«
a la existencia
de una conciencia nacional, una memoria propia y un sentimiento de pertenencia
»
(p.
101).
En
el
Perú,
desde
la
conquista,
se
fueron
formando
protonacionalismos
que perviven en el presente (tanto en las élites como en los sectores populares) y
compiten entre sí por representar la nación. De los nacionalismos existentes, el autor
menciona tres, opuestos entre sí: el criollo, el indianista y el andino —o moderno—,
criticando el segundo de ellos por
«
demagógico y fundamentalista
»
, y proponiendo un
«
nacionalismo andino moderno
»
que canalice la fuerza reivindicativa de este sector
de la población (pp. 104-105). No obstante, considera, en general, que el Perú es una
nación en formación, cuya construcción en el presente ya no lo realizan
«
las élites
sociales ni los partidos políticos
»
, sino los ciudadanos como agentes de cambio (p.
107).

En
la
tercera
parte
(
«
De
la
nación
imposible
a
la
nación
real:
sorpresas
del
Bicentenario
»
),
Burga
comienza
presentando
a
Foucault
como
un
crítico
de
la
modernidad. Reexiona sobre el estado de la nación a partir de un contraste entre las
generacionesdel Centenario y del Bicentenario, caracterizando a ambas como grupos
mayoritariamente jóvenes, provincianos o descendientes directos de estos, pero con
una diferencia importante: mientras la primera estuvo conformada por provincianos
de clase media con un presente ya encaminado hacia el futuro, considera que los
segundos, más bien, y debido a la situación actual, tienen un presente incierto, pero
sueñan con un futuro mejor. Los primeros querían construir la nación; lo segundos
decían, abiertamente, que ellos eran la nación.

El autor se pregunta, entonces: ¿qué une y qué desune a los peruanos como tales?
Para él, es imposible formar una nación de características occidentales, vale decir,
homogénea; comprende que el Perú es un país diverso, heterogéneo, porque en él
conviven muchas patrias, muchas naciones y, sobre todo, muchas memorias. Pone
énfasis en que, después de la Conquista y la Independencia, sobrevivió una memoria
de los incas, un recuerdo colectivo del pasado persistente entre los indígenas; pero,
así como estos tienen su
«
memoria del bien perdido
»
, también los criollos poseen una,
que intentó expresarse a través de una nación criolla, católica y occidental. La idea de
diversidad, como algo inherente a la sociedad peruana, que ya se deja ver en la
Visión
histórica
del
Perú
de
Macera
(1972),
es
asumida
como
interpretación
por
Burga,
quien va más allá al proponer la nación multicultural como única posible para el caso
peruano, una comunidad donde se respeten las diferencias de toda índole. Desde su
perspectiva, es esta la demanda enarbolada en el bicentenario por los descendientes
de aquellas mayorías marginadas históricamente. Pocos años después, señala el autor,
Mario Vargas Llosa muestra, en
Le dedico mi silencio
(2023), el fracaso de la nación

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criolla como proyecto de unidad nacional que pretendieron construir las clases medias
a partir de su música (la música criolla).

Continuando su reexión sobre el presente, Burga analiza las conmemoraciones de la
Independencia, en especial la realizada en 2024 con motivo de los doscientos años de
la batalla de Ayacucho. Repasando las tres grandes conmemoraciones anteriores —el
Centenario (1921), el Sesquicentenario (1971) y el Bicentenario (2021)—, el autor
encuentra, sin embargo, una particularidad en la
última
: las regiones tuvieron una
mayor visibilidad que la capital. El Ministerio de Cultura, en tanto institución que
entiende la nación como multicultural, jugó un papel importante en la difusión de un
nuevo
discurso histórico al crear el Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia
,
el cual publicó en el 2024
Nuevas miradas a las independencias
(en tres tomos).
Estos libros reúnen investigaciones hechas desde las regiones, con interpretaciones
que dieren de las realizadas desde Lima. A ello se suma el proyecto dirigido por
Juan Carlos Estenssoro y Cecilia Méndez:
Narrar la independencia desde tu pueblo
,
consistente en un concurso de ensayos históricos dirigido, también, a historiadores
y
escritores
de
las
regiones. Asimismo,
el
Ministerio
de
Cultura
también
publicó
dos libros fundamentales:
Historia del Perú: una contribución al estudio de la historia
nacional
, de Juan Basilio Cortegana, y las
Memorias
del general Miller: ambas obras
(la
primera
escrita
por
un
cajamarquino
y
la
segunda
por
un
inglés)
muestran
la
participación de sectores populares de las regiones en la guerra. De esta manera, para
los bicentenarios de la independencia, el discurso histórico manejado y difundido
se apartó de los elaborados en décadas y siglos anteriores. Explicaciones sobre si la
independencia fue concebida o concedida quedaron de lado, mostrándose el proceso
como un mosaico regional.

Finalmente, la reedición del libro de Manuel Burga constituye un aporte importante
para la comprensión de la historia del Perú. Su análisis de diferentes periodos históricos
le permite apreciar no solo los cambios, sino también las continuidades en el
ámbito de
las
mentalidades. De este modo, comprende que la utilidad de la historia como disciplina
consiste en crear identidad social, un proceso que, en el Perú, desde su perspectiva,
recién comienza a realizarse.

Referencias bibliográcas

Burga, M. (2025).
Para qué aprender historia en el Perú
. Reino de Almagro.

Macera, P. (1978).
Visión histórica del Perú (del paleolítico al proceso de 1968)
.
Editorial Milla Batres.

Villoro, Luis (2005 [1980]). El sentido de la historia. En C. Pereyra et al. (eds.),
Historia,
¿
para qué?
Siglo XXI Editores.

Manuel Burga, Para qué aprender historia en el Perú (3ra edición, corregida y aumentada). Lima: Reino de Almagro, 2025; 211 p.

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