Reseñas  
Revista del Archivo General de la Nación 2025; 40(1); 129-133  
Gabriel García Higueras. El joven Raúl Porras  
Barrenechea: periodismo, historia y literatura  
(1915-1930). Lima: Universidad Ricardo Palma,  
2024; 342 p.  
Mauricio Rafael Gálvez Carcelén1  
«La unidad de la historia y de su equipo realizador está, a mi juicio, en la identidad  
de la investigación y de los temas cuyo norte no puede ser otro que la búsqueda del  
espíritu peruano a través del tiempo en las formas expresivas de nuestra singularidad  
cultural, dentro de la unidad sustancial de todas nuestras épocas históricas y de  
su integración dentro de la comunidad americana y universal».  
Raúl Porras, «Una obra en preparación: la primera historia general del Perú» (1954).  
Ad portas de cumplirse un siglo desde que se zanjó la controversia plebiscitaria en torno  
a la soberanía de Tacna y Arica, se rememoran los esfuerzos de destacados diplomáticos  
peruanos que contribuyeron significativamente a la defensa de la causa nacional. Entre  
ellos, sobresale la figura del joven Raúl Porras Barrenechea (1897-1960), quien, en ese  
entonces, se desempeñaba como bibliotecario del Ministerio de Relaciones Exteriores  
y publicó ese mismo año la obra Alegato del Perú en la cuestión de límites de Tacna  
y Arica (1925). Este texto constituye una de sus primeras aportaciones dentro de una  
extensa y fructífera trayectoria intelectual, caracterizada por su versatilidad y por una  
profunda incursión en las diversas dimensiones de la historia del Perú.  
Con una pluma ágil, Gabriel García Higueras ofrece una biografía profunda que no  
solo revela los aportes históricos, literarios, periodísticos y diplomáticos de Porras  
Barrenechea; también permite conocer más sobre el personaje como persona. El autor  
nos proporciona importantes vistazos acerca de la infancia temprana del intelectual; una  
breve crónica, apoyada en relatos y documentación, que muestra el nacimiento de Porras  
Barrenechea en Pisco a finales del siglo XIX, en el seno de un hogar proveniente de ilustres  
1
Licenciado en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú y magíster en Educación por  
org/0009-0008-8527-177X. Correo: mrgalvez@pucp.pe.  
Citar como: Gálvez, M. (2025). Gabriel García Higueras. El joven Raúl Porras Barrenechea: periodismo,  
historia y literatura (1915-1930). Lima: Universidad Ricardo Palma, 2024; 342 p. Revista del Archivo  
General de la Nación, 40(1), 129-133. DOI: 10.37840/ragn.v40i1.185  
Recibido: 04/11/2025. Aprobado: 26/11/2025. En línea: 12/06/2026.  
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familias limeñas, establecido en dicha localidad iqueña con motivo de la apertura de una  
fábrica de aceite de pepita de algodón por su padre, don Guillermo Porras Osores. García  
Higueras también indica que la familia de Raúl contaba con importantes antepasados con  
presencia tanto en la política peruana, caso de sus bisabuelos José Antonio Barrenechea  
Dorrego y José María Raygada, como también en el campo de la diplomacia, como sus  
abuelos José Antonio Barrenechea Morales y Melitón Porras Díaz.  
García Higueras relata con precisión cómo, a pesar de haber tenido una estancia breve  
en su ciudad natal durante su infancia temprana, Raúl Porras la recordará siempre con  
gran afecto, al punto de haber sido galardonado como «Hijo Predilecto de Pisco» en  
1958. En sus palabras, aquellos fueron «días plácidos, dulces y morosos, acaso los únicos  
verdaderamente felices de mi hogar». Sin embargo, su traslado a Lima, con menos de dos  
años de edad, se vio signado por la «implacable» tragedia familiar (p. 21). La muerte de  
su padre no solo conmocionó a la sociedad limeña, pues fue reportado por El Comercio,  
sino que también cambió las fortunas de su viuda e hijos. Tras batirse a duelo con Arturo  
del Campo, pactado a raíz de un lance entre caballeros, don Guillermo perdió la vida.  
El autor presenta una sólida y elocuente exposición acerca de la faceta estudiantil y  
docente de Porras, iniciando con su formación superior en las aulas de la Universidad  
de San Marcos. Para tales fines, compendia valiosos testimonios de colegas y  
discípulos, incluyendo entrevistas realizadas por el propio autor, entre las que  
destaca, indudablemente, la realizada al historiador Carlos Araníbar. Durante sus años  
universitarios, Porras se involucraría como director en la revista Alma Latina, luciendo  
su pluma con temáticas acerca de la vida universitaria en la Decana de América, usos  
y costumbres de la cotidianeidad y perfiles de la historia literaria del país. Además,  
advierte el autor, se distinguió por el uso prolífico de seudónimos como «T.G. d’Or»,  
«Nicolasito», «Tin-Tin» y «Pierrot», por mencionar algunos.  
García Higueras no deja de precisar que la labor docente de Porras Barrenechea también  
se daría en las aulas de colegios como el Anglo-Peruano, el italiano Antonio Raimondi,  
y el alemán Deutsche Schule. Porras declaró: «…pero ninguna forma de entrega me ha  
parecido más grata que ésta de dictar clases a jóvenes, e investigar para ellos […]. Las  
únicas satisfacciones evidentes las he recibido de mis discípulos» (p. 27). Asimismo, y  
prosiguiendo cronológicamente, expone el autor los años de Porras como catedrático  
en San Marcos, en donde ponía la Historia al servicio de sus alumnos, transmitiendo  
conocimientos históricos incluso a quienes no serían historiadores. De allí su claro  
compromiso con la formación académica y un genuino espíritu pedagógico. De igual  
manera, el autor nos sumerge en la relación entre Porras y sus discípulos, así como en  
el entusiasmo académico que despertaba en ellos. Mediante una selección documental  
cuidadosa, el autor relata cómo la vocación pedagógica de Porras trascendía el claustro  
universitario: para el intelectual pisqueño, la Historia «no era una relación aséptica e  
inanimada de hechos, personajes y fechas, sino una recreación vívida, apasionada y  
dramática de los sucesos que forjaron el ser de la nación» (p. 30). El testimonio de sus  
discípulos lo confirma. Tal fue el caso del futuro Nobel de Literatura, Mario Vargas  
Llosa, quien fue alumno sanmarquino de Porras en la cátedra de Historia del Perú en  
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1953; además de ser su asistente, durante cuatro años, junto a Araníbar: «Todos los que  
escuchamos sus cursos, recordaremos siempre esa experiencia como un privilegio, cada  
una de sus clases era una lección magistral, no una repetición mecánica de lo ya sabido,  
sino el fruto de una investigación original […]. El doctor Porras fue un consumado  
expositor, el mejor que he conocido, de palabra fluida y elegante…» (pp. 29-30).  
Sus años en el claustro de San Marcos también estuvieron signados por una retahíla  
de transformaciones sociales y políticas; particularmente la Reforma Universitaria y el  
Conversatorio Universitario. Su liderazgo en el contexto de la primera, inspirado por la  
experiencia argentina para transformar lo que se llamó «esclerosis de la docencia», fue  
vital para comprender su compromiso con la educación (p. 24). En este contexto, Raúl  
Porras también participó como miembro del Primer Congreso Nacional de Estudiantes,  
en el Cuzco (1920), y como delegado peruano en el Primer Congreso Internacional  
de Estudiantes, en Ciudad de México (el de 1921, no confundir con el de 1908 en  
Montevideo). Con respecto al Conversatorio Universitario, este se formó con el propósito  
de abordar nuevas perspectivas historiográficas acerca del periodo de la Independencia,  
habiendo participado en su fundación portentos y entusiastas jóvenes historiadores como  
Jorge Basadre, Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía y el propio Raúl Porras.  
Durante el Segundo Conversatorio, celebrado en agosto de 1919, Porras disertó acerca de  
José Joaquín de Larriva en lo que fue un trabajo pionero que reveló su inclinación por los  
estudios histórico-literarios. Posteriormente, yendo en la misma línea de investigación,  
indagaría sobre notables escritores y poetas como Ricardo Palma y Felipe Pardo y  
Aliaga, junto a otros personajes trascendentales como José Faustino Sánchez Carrión,  
Manuel Lorenzo de Vidaurre, Toribio Pacheco, Mariano José de Arce, Carlos Pedemonte  
y Talavera, y José Antonio Barrenechea.  
A lo largo de cinco capítulos, Gabriel García Higueras aborda con precisión las diversas  
dimensiones de este intelectual multifacético, desde la obra periodística, pasando por  
sus contribuciones literarias, históricas y biográficas, hasta su gestión como senador,  
su infatigable labor diplomática y su labor al frente de la Cancillería. Sin embargo, y  
enriqueciendo su línea biográfica, el texto también permite conocer a Raúl Porras como  
persona: su imagen y personalidad. Su carácter epistológrafo, su estampa, jovialidad y  
humor irónico. El autor ubica al personaje en su contexto histórico: un entusiasta que  
estuvo al frente de su generación, la llamada «Generación del Centenario», que escribió  
para las revistas Mercurio Peruano, Mundial, Variedades y, la ya mencionada, Alma  
Latina, y que dedicó años de servicio a la diplomacia peruana, destacando su temprano  
acercamiento a las relaciones exteriores en los años 20, reflejado en sus publicaciones,  
y, finalmente, su cargo de ministro de Relaciones Exteriores entre 1958-1960. Una vida  
que no fue longeva pero que, sin duda, experimentó las importantes transformaciones  
acaecidas en la historia peruana del siglo XX.  
Particular atención despertó, en quien escribe esta reseña, la faceta diplomática de  
don Raúl. Para su desarrollo, García Higueras realizó un profundo trabajo de archivo  
consultando importantes repositorios documentales del Ministerio de Relaciones  
Exteriores. En un capítulo completo, y con menciones puntuales en el primero, el  
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Mauricio Rafael Gálvez Carcelén  
autor indica el inicio de la presencia de Porras en dicha institución durante la primera  
mitad de la década de 1920, en calidad de bibliotecario, y, posteriormente, en los  
archivos Central e Histórico de Límites, desempeñándose como jefe de este último.  
En la segunda mitad de la década, formó parte del comité de límites como asesor  
en la cuestión de Tacna y Arica, momento en el cual presentaría su célebre Alegato,  
además de cumplir funciones como secretario de la delegación peruana durante la  
conmemoración del centenario del Congreso de Panamá. Fueron años durante los  
cuales publicaría, también, su obra Historia de los límites del Perú. Luego, en los  
años 30, participó como consejero de la delegación peruana en las conferencias de  
Río de Janeiro relativas al caso de Leticia, siendo finalmente destacado como ministro  
plenipotenciario y delegado permanente del Perú ante la Sociedad de Naciones, cargo  
que ejerció hasta finales de la década.  
Tiempo después, hacia 1958, Porras fue convocado por el presidente Manuel Prado  
Ugarteche para encabezar la Cancillería. A pesar de sus afecciones cardiacas, el  
diplomático aceptó, debiendo juramentar de manera inédita en su hogar. Un año después,  
y tras el nombramiento del díscolo Pedro Beltrán como premier, Porras fue ratificado  
en su cargo. Sin embargo, presidente, premier y canciller discreparían en un asunto de  
importancia para la región: Cuba. En el contexto de la Revolución Cubana de 1959,  
un terremoto geopolítico para el continente americano, Prado y Beltrán mantuvieron  
una posición próxima a la estadounidense de condena internacional de las actividades  
comunistas en la región, considerando que Cuba debía ser tomada como un peligro.  
Por su parte, durante la VII Reunión de Cancilleres de la OEA, en San José (1960),  
Porras expresó una postura conciliatoria y unitaria frente a la polarización causada por  
el episodio cubano. La investigación muestra cómo el diplomático e historiador llamaba  
a mantener la unidad interamericana como forma de impedir que potencias extranjeras  
se involucraran en los asuntos internos de las naciones americanas.  
La obra de García Higueras refleja un dedicado y meticuloso trabajo de largo aliento,  
cuyo origen se encuentra en una tesis doctoral sustentada en la Universidad de Huelva en  
2019. Una revisión exhaustiva de notas manuscritas, diplomas, fichas de investigación,  
testamentos y periódicos, por mencionar algunas fuentes documentales, demuestran no  
solo las virtudes intelectuales de Porras, sino su compromiso erudito genuino para con  
el país. En ese sentido, el autor demuestra cómo se perfilaba Porras desde su juventud,  
siendo apenas un mozuelo universitario y asiduo visitante de librerías de anticuario —  
adquiriendo progresivamente libros agotados, folletos raros y periódicos que databan de  
los siglos XVIII y XIX—, comenzando así a formar lo que, a la postre, se convertiría en  
una de las más nutridas bibliotecas privadas del país en el siglo XX.  
La elección de un personaje de tamaña gravitación en la historia intelectual peruana es  
una de las principales virtudes del opus de García Higueras; un peruano multifacético  
y de talla que compartió el escenario junto a otros también pertenecientes a una estirpe  
que dejó escuela, como es el caso de Pablo Macera, Carlos Araníbar, Hugo Neira y,  
el recientemente desaparecido, Waldemar Espinoza. Asimismo, es perentorio destacar  
que la obra se inscribe en una línea de continuidad con investigaciones previas que  
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Gabriel García Higueras. El joven Raúl Porras Barrenechea: periodismo, historia y literatura (1915-1930)  
abordaron la formación intelectual y política de destacados pensadores peruanos  
de la primera mitad del siglo XX, caso de las tesis de licenciatura de Luis Gómez  
(1997) y Ricardo Portocarrero (1997), sobre los jóvenes Riva-Agüero y Mariátegui,  
respectivamente. No obstante, a diferencia de estos, la investigación dedicada a la  
juventud intelectual de Raúl Porras ha logrado materializarse en formato de libro,  
permitiendo así una mayor difusión en el campo historiográfico peruano.  
El autor enfrenta con prolijidad los retos epistemológicos y metodológicos del  
campo historiográfico de la biografía, y presenta una obra que se vuelve de consulta  
obligatoria para futuros estudios sobre Raúl Porras, sumándose a las realizadas por  
otros historiadores2. De este modo, puede sostenerse que la investigación histórica de  
Gabriel García Higueras representa un aporte esencial no solo para los historiadores  
que desarrollan investigaciones de naturaleza similar, sino también pensando en los  
preparativos para la celebración del centésimo trigésimo aniversario del natalicio de  
Raúl Porras, a celebrarse en el año 2027.  
Referencias  
Araníbar, C. (2013). Raúl Porras Barrenechea. En C. Araníbar, Ensayos: historia /  
literatura / música (pp. 322-336). Biblioteca Nacional del Perú.  
Casalino, C. (2017). El joven Raúl Porras Barrenechea y su estudio sobre José Joaquín  
Larriva (2017). ISHRA, Revista del Instituto Seminario de Historia Rural  
Andina, 2, 49-67.  
García Higueras, G. (2025). Raúl Porras Barrenechea, maestro de la peruanidad.  
Municipalidad de Lima Metropolitana.  
Gómez, L. (1997). Ideología y política en José de la Riva-Agüero y Osma: los años de  
juventud [Tesis de licenciatura inédita]. Pontificia Universidad Católica del Perú.  
Holguín, O. (1986). Bibliografía de Raúl Porras Barrenechea. Ediciones de Clío.  
Lohmann Villena, G. (1997). Raúl Porras Barrenechea, hombre de letras y académico.  
Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, 28, 15-32.  
Maticorena, M. (1997). Para una lectura de Raúl Porras. Nueva Síntesis, 5, 197-202.  
Portocarrero, R. (1997). Intelectuales y sociedad en la Lima de principios de siglo:  
el caso del joven Mariátegui. [Tesis de licenciatura inédita]. Pontificia  
Universidad Católica del Perú.  
2
Es el caso de: Oswaldo Holguín (1986), Guillermo Lohmann (1997), Miguel Maticorena (1997), Carlos  
Araníbar (2013) y Carlota Casalino (2017). Un oportuno complemento es la publicación realizada por  
el autor este mismo año, a manera de texto de divulgación sobre Porras, en la colección «MuniLibros»  
(García Higueras 2025).  
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