Gabriel García Higueras. El joven Raúl Porras Barrenechea: periodismo, historia y literatura (1915-1930)
1953; además de ser su asistente, durante cuatro años, junto a Araníbar: «Todos los que
escuchamos sus cursos, recordaremos siempre esa experiencia como un privilegio, cada
una de sus clases era una lección magistral, no una repetición mecánica de lo ya sabido,
sino el fruto de una investigación original […]. El doctor Porras fue un consumado
expositor, el mejor que he conocido, de palabra fluida y elegante…» (pp. 29-30).
Sus años en el claustro de San Marcos también estuvieron signados por una retahíla
de transformaciones sociales y políticas; particularmente la Reforma Universitaria y el
Conversatorio Universitario. Su liderazgo en el contexto de la primera, inspirado por la
experiencia argentina para transformar lo que se llamó «esclerosis de la docencia», fue
vital para comprender su compromiso con la educación (p. 24). En este contexto, Raúl
Porras también participó como miembro del Primer Congreso Nacional de Estudiantes,
en el Cuzco (1920), y como delegado peruano en el Primer Congreso Internacional
de Estudiantes, en Ciudad de México (el de 1921, no confundir con el de 1908 en
Montevideo). Con respecto al Conversatorio Universitario, este se formó con el propósito
de abordar nuevas perspectivas historiográficas acerca del periodo de la Independencia,
habiendo participado en su fundación portentos y entusiastas jóvenes historiadores como
Jorge Basadre, Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía y el propio Raúl Porras.
Durante el Segundo Conversatorio, celebrado en agosto de 1919, Porras disertó acerca de
José Joaquín de Larriva en lo que fue un trabajo pionero que reveló su inclinación por los
estudios histórico-literarios. Posteriormente, yendo en la misma línea de investigación,
indagaría sobre notables escritores y poetas como Ricardo Palma y Felipe Pardo y
Aliaga, junto a otros personajes trascendentales como José Faustino Sánchez Carrión,
Manuel Lorenzo de Vidaurre, Toribio Pacheco, Mariano José de Arce, Carlos Pedemonte
y Talavera, y José Antonio Barrenechea.
A lo largo de cinco capítulos, Gabriel García Higueras aborda con precisión las diversas
dimensiones de este intelectual multifacético, desde la obra periodística, pasando por
sus contribuciones literarias, históricas y biográficas, hasta su gestión como senador,
su infatigable labor diplomática y su labor al frente de la Cancillería. Sin embargo, y
enriqueciendo su línea biográfica, el texto también permite conocer a Raúl Porras como
persona: su imagen y personalidad. Su carácter epistológrafo, su estampa, jovialidad y
humor irónico. El autor ubica al personaje en su contexto histórico: un entusiasta que
estuvo al frente de su generación, la llamada «Generación del Centenario», que escribió
para las revistas Mercurio Peruano, Mundial, Variedades y, la ya mencionada, Alma
Latina, y que dedicó años de servicio a la diplomacia peruana, destacando su temprano
acercamiento a las relaciones exteriores en los años 20, reflejado en sus publicaciones,
y, finalmente, su cargo de ministro de Relaciones Exteriores entre 1958-1960. Una vida
que no fue longeva pero que, sin duda, experimentó las importantes transformaciones
acaecidas en la historia peruana del siglo XX.
Particular atención despertó, en quien escribe esta reseña, la faceta diplomática de
don Raúl. Para su desarrollo, García Higueras realizó un profundo trabajo de archivo
consultando importantes repositorios documentales del Ministerio de Relaciones
Exteriores. En un capítulo completo, y con menciones puntuales en el primero, el
131