Archivístca: cambios y permanencia
lo nuevo, el invento, y arrinconando y olvidando todo lo anterior, aunque a veces lo
anterior sea el punto de partida de la transformación de lo nuevo, como veremos.
La confusión, la desconfianza y la falta de credibilidad, instaladas en ese contexto
social superior, también trascienden a los contextos científicos. En nuestro caso,
puede ser, entre otros, el concepto de transparencia, que, en la práctica, no va más allá
de lo translúcido, dando así sentido a la atribución de «mentirosos» a los archivos,
denunciada por Derrida. Pero no engañan los archivos ni los archiveros; en todo caso,
lo hacen algunos productores y algunos historiadores, porque la archivística no es
investigación, sino instrumento para la investigación.
De aquí que la archivística esté afectada y requiera reflexión ante la reutilización de
sus principios, de los procesos archivísticos y de su vocabulario, estimados nuevos
por diferentes ¿Hasta dónde mucho de lo que se dice nuevo, por distinto, lo es, cuando
ya estaba aprobado, consensuado y satisfactoriamente aplicado? El vocabulario y la
revisión de conceptos se imponen para no perder identidad ante la multiplicación de
diplomaturas que, como nuevas disciplinas, van apareciendo.
El cambio no podemos detenerlo, pero sí controlarlo, al no favorecer el olvido de
todo aquello que ha logrado la permanencia. Ni negar el cambio ni apuntarse a él
sin reservas. El cambio puede ser evolución y actualización, o disrupción, y cada
alternativa tiene sus ventajas e inconvenientes. La lentitud y la solidez afectan a la
primera manifestación; la rapidez y la inmediatez, a la segunda. En definitiva, la
opción al cambio no puede excluir lo permanente.
De aquí, insisto, que pueda sorprender el anuncio de capacitaciones para diplomaturas
diferentes (Archivística, Gestión de Documentos, Administración de Archivos),
cuando la segunda y la tercera son aplicación de la primera. ¿Quiénes son los
profesionales reconocidos para cada una de las tres?
Llevamos tiempo tratando de imponer la gestión de documentos a la archivística, cuando la
primera —acabamos de decirlo— no es sino aplicación de la segunda, y ahora, para mayor
confusión, la gestión del dato y de la información se confunde con la gestión de documentos.
Desde un punto de vista personal, que no general, entiendo que hoy pueden reconocerse
dos gestiones de documentos en dos espacios diferentes: una, atribuida al periodo
de producción, sostenida en los procedimientos administrativos, con los gestores
administrativos —conocedores del Derecho administrativo — como responsables;
y otra, la gestión de documentos archivística, testimoniada a partir de los procesos
archivísticos reconocidos, desde la transferencia hasta la difusión y el uso, con los
archiveros como responsables. El conjunto de ambas, o gestión documental, requiere
corresponsabilidad —no siempre aplicada—, pero así debiera hacerse a la hora de la
elaboración del cuadro de clasificación y de la valoración, y también en la preparación
de los nuevos instrumentos, como son el catálogo de procedimientos y el listado de
series documentales. En líneas generales, esto se mantiene.
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