La lectura sin permiso de la policía: un análisis del contenido de la biblioteca de Haya de la Torre confiscada en 1939
Yo no habría sido el mismo si la inquietud social no me hubiera inyectado mucho
optimismo y más fe. Una inquietud social que fue precedida por otra libresca. Tú
no te has dado cuenta, pero los libros de Verne me hicieron ver mucha injusticia
en la humanidad, me enseñaron que existían pueblos débiles que eran aplastados
por los fuertes y que había poderosos y explotados. Alguna vez tentaré un ensayo
sobre este aspecto del novelista… (Mujica y Mujica, 2015, p. 144)
El sentido de aventura y de peligro, propio de esta literatura, puede haberse infiltrado
en las vivencias que diariamente experimentaban los hombres y las mujeres que
afrontaban las incertidumbres de la persecución14.
Otras relecturas de Haya fueron El Quijote de Miguel de Cervantes (1547-1616), y
las versiones en castellano de las obras del escritor inglés Charles Dickens (1812-
1870) que había leído antes, durante su estadía en Oxford, como le explica a Sánchez
en una carta de enero de 1937 (Haya y Sánchez, 1982, vol. 1, p. 292). Jorge Ríos
Idiáquez, que lo acompañaba en este refugio, participaba en estas relecturas, y hay
referencias a su entusiasmo por Quo vadis?, la célebre obra del novelista polaco
Henryk Sienkiewicz (1846-1916), que se ambienta en la época de la persecución de
los primeros cristianos en Roma, quienes se refugian en las catacumbas para practicar
su religión. No es difícil pensar en una lectura evocativa por parte de los militantes
apristas que accedieran a la novela, pues justamente la etapa clandestina vivida bajo
el régimen de Sánchez Cerro fue llamada la «época de las catacumbas».
Pese a las estrecheces, Haya compraba libros o encargaba a sus enlaces que se los
compraran, y también los hacía circular entre sus compañeros. En una carta de agosto
de 1935, le comenta a Sánchez que lee dos libros por día (Haya y Sánchez, 1982,
vol. 1, p. 77). Y también le informa que un tercio del importe obtenido al vender un
vehículo de su propiedad lo destinó a gastos de propaganda y libros (Haya y Sánchez,
1982, vol. 1, p. 75). Su enlace, Civi (esto es, Nicanor Mujica), recibió algunos pedidos
de libros: Verne, Fichte (posiblemente fuera el ítem 2.5.6.2 del anexo, véase más
adelante), y otros relacionados con la revisión y escritura de El Antiimperialismo y
el Apra en 1935 (Mujica y Mujica, 2015, p. 231). También pedía libros a Sánchez,
entonces directivo de la editorial chilena Ercilla15, y en sus cartas hay numerosas
críticas a las publicaciones de dicha editorial, así como observaciones sobre las
traducciones, sugerencias de títulos a traducir y de mejoras en la presentación de los
libros (Haya y Sánchez, 1982, vol. 1, pp. 95, 101, 239, 249). Impulsó la publicación
por Ercilla de la obra Hombres y rejas de Juan Seoane, preso por el atentado de 1932
contra Sánchez Cerro, la cual salió en 1937 (Mujica y Mujica, 2015, p. 235), y la de
14 María Álvarez Calderón también leyó a Verne en su adolescencia (Mujica y Mujica, 2015, p. 247).
Aunque los héroes y la mayoría absoluta de personajes de Verne son hombres, es posible que sus
aventuras impactaran por igual en la fantasía de niños y jóvenes de ambos sexos. Álvarez-Calderón
tuvo un papel importante en el envío de los originales de El Antiimperialismo y el Apra para que fueran
publicados en Chile (Mujica y Mujica, 2015, pp. 271-272; también Chocano, 2024).
15 Sobre la importancia de Ercilla para los exiliados apristas, véase Hernández, 2014. Sobre Sánchez y
Ercilla, véase Hernández, 2024, p. 135.
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