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Estado, libros y guano: la Biblioteca Nacional y la adquisición de dos colecciones bibliográcas a principios de 1860
recibido del Estado peruano era mínimo, como se aprecia en el muy ligero incremento
de las colecciones bibliográcas (Lavalle, 1861: 276)11. Abundaba el material antiguo,
proveniente de la época de la fundación de la Biblioteca y, en menor medida, los textos
contemporáneos. Al respecto, el ministro de Instrucción Juan Oviedo (1862: 33), en
su memoria de gestión manifestaba: “poseemos una Biblioteca que si es rica en obras
antiguas, carece de gran parte de las que se han publicado en estos últimos tiempos”.
Y qué decir de los periódicos: no se contaba con casi ninguna colección completa,
debiendo los interesados acudir en busca de este tipo de material a alguna biblioteca
particular limeña12. Lo sostenido reeja el incumplimiento del decreto aprobado por el
marqués de Torre Tagle el 8 de febrero de 1822, a través del cual: “los impresores de
esta capital pasaran dos colecciones de todos los papeles públicos y demás impresos que
se hayan dado a luz desde el día en que se proclamó la independencia, y en lo sucesivo
quedan obligados a mandar igualmente a la biblioteca dos copias de cuanto impriman”
(Gaceta, 1950: 318)13. A todo lo señalado hasta el momento, se suma la ausencia y/o
desaparición de textos que, pese a gurar en el catálogo, físicamente no se hallaban14.
Sin embargo, y a pesar de este escenario, Vigil se las ingeniaba para cubrir los gastos que
surgían, encuadernar los folletos sueltos y adquirir libros (Lavalle, 1861: 276)15.
Ante tan cuestionable contexto, no se puede soslayar el hecho que el Estado peruano
estaba suscrito a obras extranjeras16. Asimismo, los agentes diplomáticos peruanos en el
exterior, entre sus funciones, se encargaban de comprar y remitir libros modernos17, lo cual
indudablemente no resultaba suciente para llenar el vacío mostrado durante estos años.
gane 840 pesos: en primer lugar, por estar por debajo del promedio de lo que ganaban los amanuenses de otras
ocinas y, segundo, por ser “un empleado de mérito conocido y antigüedad en su desempeño” (Congreso de la
República, 1863: 344, 346). La propuesta se aprobó seis días después. Con los años, Calderón se convirtió en
un experto en el manejo de las colecciones de la institución, al punto de conocer la ubicación precisa de cada
texto (Barrera, 2022: 27). El 20 de mayo, el segundo vicepresidente de la República nombró ocial meritorio
de la Biblioteca a Calixto González. AGN, Ministerio de Justicia (en adelante, MJ), leg. 70, doc. 74, 1863.
11 Ese mínimo respaldo también se reejó en las casi nulas mejoras en infraestructura. En enero de ese
año se desplomó una de las paredes a causa de la humedad. AGN, MJ, leg. 70, doc. 90, 1863.
12 Uno de los pocos bibliólos que poseía colecciones hemerográcas completas era el coronel Manuel
de Odriozola.
13 El decreto lo raticó el general José de San Martín el 31 de mayo del mismo año.
14 Se propuso, con el n de incrementar los fondos bibliográcos de la institución, que los manuscritos
existentes en los conventos de San Agustín, Santo Domingo, y en las cortes de justicia, pasasen a la
Biblioteca Nacional. De esa forma, al público interesado le sería más factible revisarlos y ya no padecerían
ante la frialdad de los bibliotecarios de esos lugares. “Crónicas”. El Comercio, 9 de agosto de 1860, p. 4.
15 Vigil solía comprar libros a particulares para la Biblioteca Nacional, siendo uno de ellos el poeta Ángel
Fernando de Quirós. “Al público”. El Comercio, 24 de julio de 1862, p. 5. A la muerte de este último,
los señores Cipriano Coronel Zegarra, Vigil y Francisco Javier Mariátegui propusieron reunir en un
solo tomo sus composiciones poéticas, al lado de su biografía.
16 “Biblioteca”. El Comercio, 21 de enero de 1864, p. 5.
17 Uno de estos agentes fue Cipriano Coronel Zegarra, padre del erudito Félix Cipriano Coronel-
Zegarra, quien, desde Washington, remitía cajones de libros junto a sus respectivos listados. MRE,
Correspondencia, caja 122, carpeta 13, 1860. José Dávila Condemarín, por su parte, instalado en
Turín como encargado de negocios, compraba obras y se encargaba de gestionar donaciones. MRE,
Correspondencia, caja 127, carpeta 14, 1861.