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Revista del Archivo General de la Nación 2024; 39(1); 49-69 Magdalena Chocano
carta a la revista peruana La Sierra, Haya (1930: 89) indica que El antimperialismo lo
habían leído en Alemania sus correligionarios Luis E. Heysen y Eduardo Enríquez, por
ello puede pensarse haya tenido en su poder, en algún momento, una copia de su obra o
fuera llevada por uno, o ambos, correligionarios a dicho país. Fuera de este episodio, quizá
no se ocupó del texto pues, en diciembre de ese mismo año, al ser visitado en Berlín por su
amigo el pastor John Mackay (1889-1983), Haya le comentó que estaba escribiendo “un
nuevo libro” lleno de citas de la Biblia (Mackay, 1933: 196). No obstante, es dudoso que
dejara de lado los temas antimperialistas, no solo por la orientación del instituto al cual
estaba adscrito, sino porque se había reencontrado con Silva en enero de 1929, primero
en Alemania, y, a inicios de 1930, cuando este volvía a México tras su misión diplomática
en Rusia. Quizá en sus conversaciones —se veían casi todos los días, cuenta Silva (1972:
108; 1993: 123)— abordaron de nuevo el tema del imperialismo, asunto que los había
reunido en México ya en 1928, durante la redacción de su obra.
En síntesis, la escritura de El antimperialismo se inició en México y, el texto, quedó
en ese país, pero es probable que una copia de las notas llegara a manos de Haya
cuando este residía en Berlín. Y, aunque es probable que en algún momento accediera
a una copia del texto principal, es imposible armarlo contundentemente: Haya solo
pudo volver al Perú en julio de 1931 y, en ningún momento, rerió tener el texto de la
obra consigo. Para entonces, Cox ya se encontraba en Lima —había llegado el 20 de
noviembre de 1930 (Sánchez, 1978-81, I: 204, 216n)— y, aunque fue apresado casi
de inmediato, salió libre en marzo del año siguiente (Sánchez, 1985: 230). Es muy
posible que trajera consigo el original de la obra que le había conado Haya, aunque
no parece que Cox se la entregara a su autor, ni que este la reclamara. La coyuntura
política de las elecciones presidenciales y a la asamblea constituyente absorbió
todas las energías de los dirigentes apristas, por tanto, el tema de la publicación
de El antimperialismo no se planteó. Cox resultó elegido representante por La
Libertad y se integró a la Célula Parlamentaria Aprista, la cual contaba con veintitrés
representantes. El régimen dictatorial de Sánchez Cerro pronto erosionó la incipiente
institucionalidad democrática que asomaba tras la dictadura de Leguía y, utilizando
la Ley de Emergencia nº 7479, del 9 de enero de 1932, ordenó la deportación de los
parlamentarios apristas y otros más. Cox, como miembro de este grupo, fue embarcado
el 24 de febrero de 1932 rumbo al puerto de Buenaventura, en la costa pacíca de
Colombia, aunque luego llegó a Panamá (Sánchez, 1978-81, 2: 57-58; 1969, 1: 402).
Posiblemente Cox pensó que la obra estaba más segura fuera del país, sometido como
estaba a la tétrica represión impuesta por Sánchez Cerro, y parece haber logrado de
alguna manera incluir en su equipaje el original del El antimperialismo, pues Luis
Alberto Sánchez (1985: 181) asegura que Cox se lo dio a leer en Guayaquil, en
1933. No sería raro que esta lectura tuviera como n su publicación, pues en esa
ciudad apareció la primera edición de El proceso Haya de la Torre: documentos
para la historia del ajusticiamiento de un pueblo, una compilación realizada por los
deportados del Partido Aprista Peruano (PAP, 1969) residentes en distintas ciudades
de Ecuador. El prólogo de dicha obra está fechado en febrero de 1933 y, la nota nal,
en abril del mismo año. Esta publicación se inscribía en la campaña pro libertad de