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Historia
La Casa del Oidor: un monumento histórico
en la plaza Mayor de Lima
Henry Barrera Camarena1
Resumen
A través de la revisión de fuentes documentales y hemerográcas, se realizará un aná-
lisis del devenir de la denominada Casa del Oidor desde mediados del siglo XVI hasta
nales del siglo XX, el cual incluirá a sus primeros propietarios, el origen de su nombre,
los cambios arquitectónicos sufridos, la amenaza de demolición en la década de 1950
para reemplazarla por una plazoleta, la restauración impulsada en 1968 por su propie-
tario y el otorgamiento de la categoría de monumento histórico. Por medio de lienzos,
grabados y fotografías, podremos realizar un acercamiento más certero en torno al patri-
monio y realizar algunos planteamientos acerca de su evolución arquitectónica.
Palabras clave: Restauración, patrimonio, monumento histórico.
Casa del Oidor: A historical monument in the plaza Mayor of Lima
Abstract
Through the review of documentary and hemerographic sources, an analysis of
the evolution of the so-called Casa del Oidor will be carried out from the mid-16th
century to the end of the 20th century, which will include its rst owners, the origin
of its name, the architectural changes suffered, the threat of demolition in the 1950s
to replace it with a square, the restoration promoted in 1968 by its owner and the
granting of the category of historical monument. By means of paintings, engravings
and photographs, we will be able to make a more accurate approach to heritage and
make some proposals about its architectural evolution.
Keywords: Restoration, heritage, historical monument.
Citar como: Barrera Camarena, H. (2022). La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza
Mayor de Lima. Revista del Archivo General de la Nación, 37: 39-59. doi: https://doi.org/10.37840/
ragn.v37i1.136
Recibido: 05/12/2021. Aprobado: 22/06/2022. En línea: 22/08/2022.
1 Historiador, Biblioteca Nacional del Perú. Lima, Perú. Correo electrónico: henrybarrera20@gmail.com
Revista del Archivo General de la Nación 2022; 37(1), 39-49
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«Si no destruyeron la catedral seguramente fue porque pensa-
ron que era pecado; Y a la pila la dejaron porque no molestaba
a nadie, en cuanto a la esquina del Arzobispo y Pescadería, mi-
lagro de Santa Rosa y San Martín»2.
Introducción
El Centro Histórico de Lima alberga una variedad de casas provenientes tanto del
periodo colonial como republicano, encerrando cada una de ellas sus propias particu-
laridades lo cual las diferencia del resto y les da el carácter de únicas. Si bien todas
son importantes, no cabe duda de que algunas sobresalen por su composición arqui-
tectónica, su estilo artístico o por ser el espacio donde se dio un suceso histórico. En
esa línea, hay un monumento que llama especialmente la atención: la llamada Casa
del Oidor.
La casa en estudio se ubica en el cruce de los jirones Carabaya (antigua calle Pescade-
ría) y Junín (calle Arzobispo), frente a la plaza Mayor, en el corazón del Centro His-
tórico de Lima. Al respecto, es necesario precisar lo siguiente: su propietario fue uno
de los oidores más importantes de nales del periodo colonial, el limeño Ambrosio
Fernández de la Cruz y Martel, de quien se hablará más adelante. Dicho dato, junto
al hecho de que se trata, al lado de la catedral, de un elemento evocativo de la Lima
antigua, son algunas de las razones por las cuales la Casa del Oidor debe ser valorada
tanto patrimonial como históricamente. No hay mejor manera de favorecer la conser-
vación del patrimonio monumental que reconstruyendo su acontecer y poniéndolo a
disposición de la sociedad.
La casa a inicios del periodo colonial
El origen de la casa se remonta a los primeros años de la colonia, tras la fundación
de Lima, cuando el conquistador Francisco Pizarro empezó a delinear sus formas. El
cronista Bernabé Cobo (1882 [1639]: 43) señala que Pizarro la dividió en cuadras, las
mismas que estarían formadas por cuatro solares. La regla era que cada conquistador
adquiriera, como recompensa por sus servicios prestados, un solar, pero hubo casos
en los cuales recibieron dos o más. Precisamente el solar donde hoy se ubica la Casa
del Oidor fue otorgado, en un primer momento, al tesorero Antonio Riquelme, enco-
mendero de Sotechube.
Llama la atención que en esta distribución de solares, tanto a particulares como aque-
llos destinados a iglesias o edicios, no se haya contemplado uno para la fundición
y contratación3. Esto llevó a que el 24 de setiembre de 1535 precise el cabildo al
tesorero Riquelme ceder uno de sus solares (Moreyra, 1956: 334), justamente el de la
esquina con la plaza Mayor (Torres Saldamando, 1900: 30). Vivía ahí Felipe Boscán,
a quien se noticó no levantar edicación alguna debido a la determinación munici-
pal. Sin embargo, y a pesar de esta última, no llegaría a establecerse en dicho terreno
2 Declaración del arquitecto Alberto Barreto Arce. En: Caretas, nº 516, abr. 5 de 1977.
3 La premisa era establecer un lugar que fundiera barras de plata (Bromley, 2019: 21).
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ningún edicio destinado a fundición y contratación, volviendo de esa manera a ma-
nos de Riquelme.
Es complicado dilucidar el momento en que Riquelme levanta su casa, y si construyó
solo una en todo su solar, siendo lo más lógico que la haya subdividido. Dicho plan-
teamiento tiene como base al cronista Agustín de Zárate (1555: 146), quien menciona
que «[la] justicia, la cual administraban los oidores, que hacía su audiencia en las
casas del tesorero Alonso Riquelme […]», todo ello en el contexto de la rebelión de
Gonzalo Pizarro.
Riquelme llegó a poseer varios solares en Lima, pero su lugar de residencia fue el
solar en la esquina de la plaza Mayor. Al fallecer en 1548 el tesorero, su hija Catali-
na Riquelme, casada con el capitán Juan Tello de Sotomayor, queda como universal
heredera de todos sus bienes (Hampe, 1986: 56), siendo los dos solares y medio «con
todas sus tiendas»4 en la plaza Mayor los que nos interesan.
Años después, por un documento de 16 de mayo de 1600, se indica que la casa de la
esquina era habitada por el contero y cerero Andrés de Barreda, sin que ello signi-
que que esta persona sea su propietario5. En el documento Barreda concertaba con
Juan Leal, ocial de carpintero, para que trabaje en la culminación de una obra en su
casa morada en «la esquina de la plaza junto a palacio y en frente de las casas del arzo-
bispo de esta ciudad»6. Su labor se limitaría a todo aquello relacionado con su ocio.
Alrededor de 1613, existía una cerería de propiedad de Antonio Barrera en la esquina
de las calles Arzobispo y Pescadería (Bromley, 2019: 194)7. Su nombre es muy similar
al mencionado en el párrafo anterior, Andrés de Barreda, pudiendo tratarse de la mis-
ma persona aunque, lamentablemente, no se ha podido hallar el documento original
visto por Bromley para corroborar el dato8.
Las primeras imágenes de la casa son de mediados del siglo XVII. En la iglesia de
Nuestra Señora de la Soledad, ubicada junto al convento de San Francisco, existe un
lienzo de los años de 1665 y 1670, que representa la procesión del Viernes Santo en la
plaza Mayor y en donde se observa la casa con sus dos pisos, aunque sin balcón9. Esta
información se complementa con la existencia de otro lienzo, esta vez de 1680, que
representa la plaza Mayor, y en la cual también se retrata la casa. Su autor la plasmó
también sin balcón y con dos niveles. Entonces, es claro que para estos años la propie-
dad presentaba esa sonomía externa.
4 Archivo General de Indias (AGI). Justicia, 425, Nº 4. Pleito scal: Francisco de Plasencia 1552-1557.
5 Barreda era cerero al menos desde 1590. Se sabe también que aproximadamente en 1598 incursiona en
la contería. Al año siguiente, se prestó seiscientos pesos de Miguel González para nanciar su negocio
(Quiroz, 2008: 84).
6 Archivo General de la Nación (en adelante, AGN). Protocolos Notariales, Cristóbal de Aguilar Mendi-
eta, nº 7, 1600, f. 567r-568v. Citado en Crespo, 2006: 346.
7 Un documento de 1631 no deja claro si la casa a la que hace alusión es la del Oidor: «[…] en la calle
que va de la plaza pública de esta ciudad a la pescadería». AGN, Protocolos Notariales, Diego Sánchez
Vadillo, nº 1774, 1631, f. 2096-2099v. Citado en Crespo, 2006: 89.
8 En otro texto (Bromley y Barbagelata, 1945: 42), se hace nuevamente alusión a la presencia del perso-
naje Antonio Barrera.
9 El lienzo se conserva en buen estado aunque, desafortunadamente, no se ha podido tomar un registro
fotográco.
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Figura 1
«Plaza Mayor de Lima cabeza de los reinos del Perú año de 1680».
Autor anónimo, lienzo. Museo de América.
Para comienzos del siglo XVIII el convento de Santo Domingo guraba como el
propietario de la nca, la misma que arrendaba al capitán Francisco Gomendio. En
realidad, el arrendamiento solo era de un sector de la casa, en la cual tenía instalada
una cerería, ello hacia la calle Arzobispo. La siguiente es una descripción somera del
inmueble hecha en 1705 con el propósito de reconocer los linderos y medidas:
Estaba compuesta por dicha cerería y dos piececitas interiores, en que hay de
fondo 23 varas y cuarta y su alto se compone de 2 aposentos, una azotea y un
gallinero que corre por encima de la vivienda de la viuda de don Andrés Ro-
sales, y dichos aires tienen de fondo 34 varas y 3 cuartas, y todo el alto y bajo
tienen de ancho 5 varas y 3 cuartas10.
El 15 de julio de 1705 el capitán Gomendio, junto a su esposa Clara Camacho, adquie-
re la casa a través de venta entéutica con el convento por tres vidas. Una condición
del traspaso era que tenía que abonar anualmente 280 pesos al convento11. La pareja
de esposos tuvo una hija, Francisca, quien el 17 de setiembre de 1721, ante del falle-
cimiento de ambos, obtuvo la posesión de la casa por las dos vidas que restaban. Unos
años después, el 18 de junio de 1738 Francisca opta por ceder las dos vidas a María
Ana de Olivares, quien a su vez la traspasa a Cayetano Martel12.
10 AGN. Protocolo Notarial. Escribano Pedro Pérez de Cabañas, protocolo Nº 835, año 1705, f. 1097r.
11 AGN. Protocolo Notarial. Escribano Pedro Pérez de Cabañas, protocolo Nº 835, año 1705, f. 1099v.
12 AGN. Protocolo Notarial. Escribano Gabriel de Eguizabal, protocolo 225, año 1738, f. 399r-410v.
Según Ricardo Palma en su tradición «La victoria de las camaroneras», publicada por primera vez en
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La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza Mayor de Lima
Ambrosio Fernández de la Cruz y Martel
Cayetano Martel tuvo una hija, María Bernarda Martel Melgarejo, quien se juntó con
el español José Antonio Fernández de la Cruz y Reina y fruto de esa unión nació en
1735 Ambrosio Fernández de la Cruz y Martel. El 11 de julio de 1761 María Bernarda
traspasa la tercera vida en favor de su hijo Fernández de la Cruz13.
Debido al apoyo económico de sus padres, Fernández de la Cruz estudió Derecho en
la Universidad de San Marcos, en donde se graduó el 23 de junio de 1760 (Mendiburu,
1878: III, 257). A causa de su posición social y habilidad en las leyes con el pasar de
los años consiguió notoriedad dentro del ámbito legal. En el aspecto personal, el 9 de
mayo de 1783 se casó con Mariana Ángela Sánchez de Dueñas y Daroch14.
Por medio de un documento de 1803 se comprueba que Fernández de la Cruz conti-
nuaba siendo el dueño de la nca15; pero lo más resaltante es que menciona el cargo
que ejercía: abogado de la Real Audiencia de Lima16. Fernández de la Cruz no la
habitaba, la arrendaba a José Martínez de la Peña para que viva en ella junto a otros
familiares.
A principios de 1808 Fernández de la Cruz es nombrado en el cargo de diputado pri-
mero dentro del recién fundado Colegio de Abogados de Lima. Para tal año, era uno
de los abogados más antiguos de la ciudad, además que ostentaba el título de procu-
rador de la Universidad San Marcos (Gálvez, 1915: 135). Por esas razones se explica
su participación, junto a otros abogados notables, en la elaboración de los estatutos
de dicho colegio. En 1812 Fernández de la Cruz cae enfermo, a tal punto que decide
elaborar su testamento. En el documento otorga poder a su hijo político, Fernando
del Mazo, para que se encargue del cumplimiento de sus peticiones17. El abogado
tenía tres hijas, Manuela Hermenegilda, quien a su vez era esposa del tal Fernando
del Mazo; María Josefa Cruz y Dueñas y Daroch, y María Mercedes del Corazón de
Jesús, religiosa profesa del monasterio de Santa Teresa. Entre los pocos bienes que
declaró que poseía se hallaba «la nca alta y baja de la esquina del Arzobispo que mira
a la plaza Mayor»18. Fernández de la Cruz estaba empleando la tercera vida, según la
venta entéutica de 1705, la misma que decide ceder a favor de su nieto Fernando del
Mazo y Cruz. Pese a las pocas esperanzas que guardaba, Fernández de la Cruz logra
recuperarse de su enfermedad, retomando su actividad profesional.
1887, fue durante estos años del siglo XVIII que la casa era llamada como «Mundo, demonio y carne»,
y era habitada por Gaspar Melchor de Carbajal y Quintanilla, procurador general de los naturales. Pese
a la cantidad de documentación revisada, no se pudo corroborar ese presunto sobrenombre ni que la
haya habitado Melchor de Carbajal.
13 AGN. Protocolo Notarial. Escribano José de Bustiza, protocolo Nº 152, año 1761, f. 217r-217v.
14 Su hermana, Josefa Rosalía Dueñas y Daroch, era esposa de Gaspar Antonio Ramírez de Laredo y
Encalada, oidor y luego regente de la audiencia de Charcas (Lohmann Villena, 1974: 44-45).
15 AGN. TC-JU1. Leg. 179, Cuad. 449, f. 69, año 1803.
16 Cabe precisar que una cosa era ser abogado de la Real Audiencia y otra distinta ser oidor, no deben
confundirse.
17 Del Mazo fue un propietario acaudalado y uno de los vecinos más notables de Lima (Mendiburu, 1878,
III: 257). En las vísperas de la independencia adquirió la hacienda Caucato en Pisco, esta era una de las
haciendas más extensas e importantes del valle (Orrego, 1996: 160).
18 AGN. Protocolo Notarial. Escribano Ignacio Ayllón Salazar, protocolo Nº 18, año 1812, f. 1553v-1558r.
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Para 1815 continuaría en el cargo de procurador, al cual le agregó el de abogado de
Fuerzas Eclesiásticas. Respecto a la casa, la seguía arrendado, y él vivía en una nca
de la calle Divorciadas 1951 (Ruiz, 1815: 4-5). Es en este mismo año que escaló
en la magistratura de la Real Audiencia al ser nombrado oidor por el rey de España,
sin la necesidad de haber servido previamente en algún tribunal subordinado (Men-
diburu, 1878: III, 257)19. Fernández de la Cruz ocupó la plaza de alcalde del Crimen,
desempeñándolo de manera continua hasta 1821 (Paredes, 1820: 71). De esa manera,
si en la actualidad la nca es conocida como la Casa del Oidor, se debe a Ambrosio
Fernández de la Cruz y Martel.
En el siguiente grabado, del año de 1801, se aprecia que el inmueble estaba compuesto
por dos niveles, y que ahora cuenta con un balcón corrido, el cual no aparecía en los
lienzos de mediados del siglo XVII20.
Figura 2
«Vista de la catedral de Lima, 1801». Creado por Montes de Oca, grabado.
Fuente: Biblioteca John Carter Brown.
Luego, por medio de un dibujo hecho por Daniel Wadsworth Coit en 1826, se advier-
ten las mismas características externas, tanto del primer piso como del segundo.
19 Véase también Lohmann Villena, 1974: 33-34.
20 Respecto al balcón corrido no se ha podido dar con la fecha de su construcción.
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Figura 3
«Gran plaza de Lima, 1826». Dibujado por Daniel Wadsworth Coit.
Fuente: History Grand Rapids.org
La casa en el periodo republicano
Se desconoce en qué momento, pero Fernández de la Cruz se va a vivir a Europa,
donde moriría años después, de esa manera expiró la tercera vida. La casa seguía
encomendada a su nieto Fernando del Mazo. El 23 de marzo de 1840 el convento
pasó a tomar posesión de ella. Cuatro días después, el convento decidió vender en-
téuticamente la casa, que incluía «una tienda mantería con su trastienda, alcoba y
piezas altas con su corral y cocina, una sobre otra»21. Después de presentarse varios
postores, se optó por dar como ganadora a Josefa Montes de Oca, quien por enton-
ces ya tenía alquilada una tienda en la casa, de ahí la preferencia. El traspaso fue
por tres vidas civiles de a cincuenta años cada una y el pago anual de 756 pesos, a
razón del canon.
Con la obtención de las escrituras que legalizaban su posesión, Montes de Oca anun-
ciaba que traspasaba la casa a favor de Felipe Revoredo, excepto una tienda, por el
tiempo de los 150 años estipulados.
La gura número 4 es aproximadamente de 1838 y fue hecha por el francés Leonce
Angrand durante su estadía en Lima. En ella retrató a la casa como parte integrante de
la plaza Mayor. Se aprecia la misma sonomía que la del grabado de 1801, tanto del
primer como del segundo nivel.
La gura 5 corresponde a una ilustración de 1868, cambios casi no hubo en la fachada,
y más bien se aprecia la casa construida con la composición arquitectónica con que se
la conoce actualmente.
21 AGN. Protocolo Notarial. Escribano Manuel de Uriza, protocolo Nº 967, año 1840, f. 68v-76v.
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Figura 4
Vista de la Casa del Oidor, [1838].
Autor: Leonce Angrand. Imagen del Perú en el siglo XIX. Lima: Carlos Milla Batres, 1972.
Figura 5
«Vista de la casa, 1868».
Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
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No se conoce bien cómo se dio la sucesión, pero en 1878 las propietarias eran Manue-
la Revoredo y Cruces, condesa de Vergara, e Isabel Revoredo de Landaburu. Ambas,
por hallarse en España, otorgaron poder para representarlas en Lima al negociante
Tadeo González. El 11 de febrero de ese año el apoderado elaboró una minuta de
contrato de arrendamiento en favor de Ángel Fontana para alquilarle un almacén y los
altos situados en la calle de la Pescadería. El arrendamiento sería por 10 años con una
pensión de 160 soles al mes, los primeros 6 años forzosos y los 4 restantes a voluntad.
Además, el arrendatario estaría en la obligación de invertir en la refacción de la nca
la cantidad de tres mil soles22.
Una conclusión que se puede obtener de lo sostenido hasta este punto es que desde
nales del siglo XVI la casa tuvo una orientación comercial; es decir, fue empleada
como generadora de dinero a través del arrendamiento o instalación de algún nego-
cio, y esta situación no variará hasta la actualidad. En 1914 el Sr. Eduardo Vieytes,
propietario del inmueble, tenía instalado en el primer nivel un almacén de ferretería,
hasta que en 1921 vende la casa, al igual que la ferretería, a Tomás Marsano, quien
continuó con ese negocio.
Además de la ferretería, en el segundo nivel funcionaba el hotel Colón, de propiedad
de Vallejo Gallo. En esta segunda planta de la casa existían varios cuartos acondicio-
nados para cobijar alrededor de veinte personas, mientras que, en el tercer piso, en
unos altillos, vivía gente de escasos recursos.
Figura 6
Vista de la nca, 1922.
Fuente: Mundial. Año III, número 112. Lima, 7 julio 1922.
22 AGN. Protocolo Notarial. Escribano Felipe Orellana, protocolo Nº 528, año 1878, f. 110r-112v.
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Un terrible suceso se dio el 5 de julio de 1922, casi a la medianoche, un incendio con-
sumió el interior de la casa, gran cantidad de humo salía por las puertas y ventanas. El
siniestro comenzó en la ferretería, que se ubicaba en la misma esquina. Siete bombas
llegaron al lugar para combatir el fuego y evitar que se expandiera a ncas vecinas.
Los bomberos tuvieron que derribar la puerta de la ferretería, que daba hacia la calle
Pescadería, cuyo negocio estaba completamente incendiado, así como el resto de las
puertas y ventanas que daban a esa calle23.
A raíz de este penoso suceso, se registró el estado en que quedó el inmueble, lo que
permite apreciar su aspecto exterior. En primer lugar, destaca el balcón corrido por
ambos lados de la calle y con un cierto desnivel. Pese a que es una imagen en blanco y
negro, se nota lo poco conservado que estaba. Respecto al primer nivel, prácticamente
las mismas puertas y ventanas aún existen hoy en día.
Durante la madrugada el fuego revivió, la bomba Victoria, que se quedó en el lugar
ante cualquier eventualidad, se encargó de sofocarlo. Tras el siniestro se declaró a la
casa inhabitable. La gran cantidad de agua debilitó las estructuras, siendo un peligro
para cualquiera que la habitara, es más, se esperaba que en el transcurso de los días se
desplomen los techos ante el debilitamiento. Este acontecimiento permite conocer un
dato no menor, por entonces la nca no era conocida con el apelativo de la Casa del
Oidor, simplemente era una nca antigua, ese sobrenombre se le atribuye años des-
pués. Esto también responde al escaso conocimiento que se tenía en torno al devenir
de la propiedad: se desconocía qué tan antigua era; su importancia histórica y el es-
tilo arquitectónico que representaba eran ignorados por la sociedad y las autoridades
competentes.
Durante varios años la casa estuvo inhabitada, la situación lo requería. Es a comien-
zos de los años 30 que el propietario realiza las refacciones necesarias para volver a
utilizarla. No pasó mucho tiempo para que en la primera planta se instale un cafetín,
conducido por un japonés, mientras que en la segunda planta se hallaba un hotel.
El dilema entre progreso urbano y conservación del patrimonio
En la década de 1930 se realizó la reconstrucción de Palacio de Gobierno a cargo
del arquitecto Ricardo de Jaxa Malachowski. Se proyectaba construir varios edicios
públicos alrededor de la plaza Mayor. En esa dirección era necesario que estas estén
acompañadas de otras obras de ornato, tales como la reconstrucción de los inmuebles
de propiedad particular que se situaban con frente a la plaza o en sus ángulos. El obje-
tivo era obtener un mejor paisaje arquitectónico. Entre los inmuebles privados estaba
23 Se pudo dominar el incendio en un poco más de una hora, lo cual no signicó que otros negocios no lle-
gasen a ser afectados. El hotel Colón, por ejemplo, quedó también destruido. Varias tiendas colindantes
sufrieron los estragos del siniestro. Por el lado de la calle Arzobispo quedó destruida una pequeña tienda
cigarrera, al igual que otra nca, también de propiedad del Sr. Marsano. El Comercio. Jueves 6 de julio
1922.
Luego, el 21 de setiembre de 1938, alrededor de las cinco de la madrugada, el inmueble fue víctima de
un amago de incendio que se produjo en el segundo nivel. Afortunadamente el incendio fue leve, no
ocasionó mayores daños, además que la rápida acción de los bomberos también contribuyó a impedir
que se expandiera. El Comercio. Miércoles 21 de setiembre 1938.
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La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza Mayor de Lima
la casa en estudio, que justamente se ubicaba en uno de los ángulos de la plaza Mayor,
cuyo propietario tendría un plazo razonable para que pueda refaccionarla.
El 16 de marzo de 1939 el Poder Ejecutivo emitió la ley Nº 8854, mediante la cual se
exhortaba a los propietarios de las ncas colindantes a la plaza Mayor, cuya fachada
tenga frente a ella o a sus ángulos, a reconstruirlas en un plazo de dos años. El Mi-
nisterio de Fomento y Obras Públicas se encargaría de elaborar los planos y especi-
caciones, los mismos que debían ser la base para la reconstrucción. En el caso de los
propietarios de los inmuebles ubicados en los Portales de Escribanos y Botoneros, el
Estado les cedería el dominio de los aires en compensación de las obras realizadas. Si
los propietarios de las ncas colindantes no realizasen la reconstrucción en el tiem-
po estipulado, el Estado las expropiaría. La ley precisaba que solo debían realizarse
reconstrucciones, las modicaciones o algún otro tipo de alteración quedaban prohi-
bidas, al igual que quedaban prohibidos los arrendamientos o usufructos. Pese a la
presión legal del Estado, el propietario de la casa no realizó ninguna reconstrucción,
y la ley cayó en el olvido paulatinamente.
En el siglo XX el desarrollo urbano de Lima en reiteradas veces se topó con la con-
servación del patrimonio edicado. La apertura de calles, jirones o avenidas no eran
las únicas excusas para destruir casonas, también lo fue el edicar nuevos y moder-
nos edicios. Las casas coloniales y republicanas con sus balcones y peculiaridades,
aquellas que caracterizaban la ciudad, eran derribadas sin mucho reparo. En la década
del 50 se temió que bajo este pretexto la casa en estudio fuera demolida, perdiéndose
con ella una parte de la Lima antigua. Para entonces ya varios inmuebles habían sido
víctimas de la picota demoledora para dar paso a edicios comerciales.
En ese sentido, la Sociedad Peruana de Historia no dudó en pronunciarse al res-
pecto. En su sesión del 26 de diciembre de 1950, los miembros Ella Dunbar Tem-
ple, Pedro M. Benvenutto Murrieta, Carlos Radicati di Primeglio, Ricardo Arbulú
Vargas, Luis Jaime Cisneros, Guillermo Lohmann Villena, Carlos Daniel Valcár-
cel, Gustavo Pons Muzzo, Alberto Tauro, Jorge C. Muelle y Teodoro L. Meneses
propusieron emitir un comunicado en conjunto acerca del proyecto que existía de
reformar la plaza Mayor. En el documento fueron claros en censurar el inconsulto
proyecto del Consejo Nacional de Planeamiento y Urbanismo que buscaba desgu-
rar dicha plaza, al igual que sus dos manzanas adyacentes24. Asimismo, la Sociedad
se dirigió a la presidencia del Consejo Nacional de Conservación y Restauración de
Monumentos Históricos a n de que se sirva informar sobre los acuerdos que haya
adoptado esta entidad en ejercicio de sus funciones especícas acerca de la defensa
del patrimonio histórico. La protección de la casa en estudio era una tarea de varias
entidades25. La intención de conservarla radicaba principalmente en su valor como
parte de un conjunto paisajístico, más que por sí misma, pues todavía se desconocía
su devenir en el tiempo.
Pese al pronunciamiento de la Sociedad Peruana de Historia, el 13 de febrero de 1951
se publicó la resolución suprema Nº 16, con la que se aprobaba la erección de dos pla-
24 Documenta 1949-50 «Corónica: defensa del patrimonio histórico y artístico». Documenta. Revista de la
Sociedad Peruana de Historia II/1, Lima, pp. 887-888.
25 La Prensa. Martes 20 de febrero 1951.
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zoletas a ambos lados del Palacio de Gobierno, una en el ángulo de las calles Correo
y Palacio, y la otra en la esquina que forman las calles Arzobispo y Pescadería, todo
acorde con el plano que aprobó el Consejo Nacional de Planeamiento y Urbanismo.
En el caso de la plazoleta de las calles Correo y Palacio se dio autorización para
demoler el inmueble ahí ubicado. Allí se edicó la plaza Pizarro. Se esperaba que lo
mismo sucediera en la otra esquina, donde justamente se hallaba la casa en estudio26.
Se llegó a proyectar que en dicha esquina se construya la plaza Castilla, para que haga
par con la otra plaza27.
El 30 de diciembre de 1953 el presidente Manuel Odría dio un decreto mediante el
cual declaraba de necesidad y utilidad pública la expropiación de los inmuebles ubi-
cados con frente al jirón Junín 207-213 y 217-225 y con frente al jirón Carabaya
173-185, y en la esquina de ambos jirones 201-205 y 187-199. La medida
tenía la nalidad de continuar con las obras de regularización en las inmediaciones de
Palacio de Gobierno28.
Por poco el cemento casi terminó por reemplazar una casa tradicional, la activa labor
de personalidades e instituciones involucradas impidió que se efectuara otro atentado
contra la historia de Lima.
Años después, en 1962 la comisión técnica de la Junta Deliberante Metropolitana
elaboró un informe sobre la casa en cuestión, consideró que el monumento era intan-
gible, debiéndose conservar el balcón y el paramento que lo sostenía, en tanto que se
podía remodelar el frente en el primer piso.
La Junta propuso que los monumentos sean evaluados, independientemente de su
estado de conservación, con una nueva calicación que considerara su calidad esté-
tica-arquitectónica y unidad del Ambiente Urbano, sin que ello signique dejar de
lado las pautas dirigidas por el Consejo Nacional de Conservación y Restauración de
Monumentos Históricos y Artísticos. En esa clasicación la casa encajaba en la clase
C, que literalmente le reconocía su «valor artístico, arquitectónico-urbanístico y/o
histórico-artístico».
Por el tipo de Ambiente Urbano la Junta la consignó también en la categoría C. En esta
categoría la conservación se basaba solo en los lineamientos generales de espacio, ad-
mitiéndose nuevas edicaciones siempre y cuando estén ceñidas al plan de conjunto
urbano. Finalmente, por el mismo tipo de Ambiente Urbano, su designación era la
B. En esta calidad, buena, destacaba por su interés histórico-artístico, y por su buen
diseño de conjunto y de detalle.
La Junta Deliberante calicó al inmueble como una construcción colonial típica, su
largo balcón corrido de esquina, que enlazaba dos calles llenas de tradición, desempe-
ñaba una función urbanística muy importante. El balcón tenía además valor como ele-
mento decorativo y pintoresco de la antigua Lima. Pese a ello, en este año aún estaba
26 El Comercio. Viernes 8 de enero 1954.
27 Una crítica al proyecto de las dos plazoletas era el querer que Lima posea más zonas de cemento, cuan-
do ello ya abundaba, en vez de brindar más espacios verdes o parques. El Comercio. Jueves 17 de mayo
1951.
28 En la futura plaza se ubicaría el monumento del mariscal Ramón Castilla.
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La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza Mayor de Lima
presente construir la plaza Castilla. A un lado estaba la conservación del patrimonio
edicado y al otro el progreso urbano, ese era el dilema29.
Restauración del inmueble30
En junio de 1968 se conoció la noticia de que el joven propietario de la casa, Alfonso
Pérez Bonany, abogado y catedrático, la iba a restaurar para restablecer la sugestiva
apariencia exterior que tuvo, así como la amoblaría al estilo colonial. La importancia
de la recuperación del inmueble radicaba en que prácticamente era la única nca his-
tórica que seguía levantada en la plaza Mayor, era una joya urbana ubicada en el cora-
zón de Lima. El arquitecto que se encargaría de la restauración sería Héctor Velarde,
destacado profesional y con un gran dominio en este tipo de trabajos.
La casa ocupaba un área de cuatrocientos metros cuadrados, su primer piso era de
construcción noble, sus paredes, íntegramente de ladrillos, tenían un metro de ancho o
espesor. Una de las esquinas tenía desde un metro y medio hasta dos de grosor, mien-
tras que la altura de las paredes llegaba a los cuatro metros y medio.
Por aquella fecha el inmueble se encontraba en mal estado, incluso era más ventajoso
derrumbarla para levantarla de nuevo. A esto se sumaba que los cuartos del segundo
y tercer piso estaban ocupados por una variedad de personas de toda condición social.
El propietario había alquilado toda la casa a una familia, pero esta la subarrendó a
varias más, llegándose a ocupar antiguos cuartos que no presentaban las condiciones
necesarias para ser habitados. Allí vivían desde un médico, un abogado hasta un poe-
ta, desde una persona de mediana capacidad económica hasta un vago.
Un objetivo que perseguía el propietario era que con la restauración el segundo piso
sea empleado como hotel, al cual denominaría «La Posada del Oidor». Este uso que
estaba planeado darse al inmueble fue recibido de buena manera: una nota periodística
de El Comercio resalta el hecho de que en España también se destinaban los edicios
históricos a hoteles, en donde los viajeros podían vivir una experiencia única. Con el
uso como hotel esta clase de ncas eran incorporadas nuevamente a la vida social31.
Es entre los años de 1963 y 1968 que recién empezaría a ser llamado de tal manera,
«Casa del Oidor»; lo mismo sucedería con el sobrenombre de «el rincón de la car-
ne»32. Ya sea el primero o el segundo, hubo una clara intención de realzar la importan-
cia de la casa; muestra de lo dicho son algunas de las historias que, sin sustento, se le
acuñaron, como la antigüedad de su construcción o del balcón mismo. No obstante,
un monumento histórico de estas características no necesita de falsos relatos para
reconocer su papel dentro de los cambios urbanísticos y arquitectónicos de la ciudad.
El 4 de diciembre de 1968 el Concejo Municipal publicó el decreto 02566, con
el que brindaba su apoyo al mejoramiento de la casa, «a efecto de proteger la arqui-
tectura y volumetría del conjunto monumental», y siguiéndose las recomendaciones
29 El Comercio. Jueves 4 de abril 1963.
30 Debido a la disponibilidad y acceso, esta parte del trabajo se basa en la revisión de fuente hemerográca.
31 El Comercio. Lunes 17 de junio 1968.
32 Cabe precisar que jamás hubo una carnicería en la casa.
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que formule el Consejo Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos
Históricos y Artísticos33.
Pese a lo señalado hasta el momento, casi un año después el proyecto de restauración
que presentase el Sr. Bonany aún continuaba sometido a la consideración del Consejo
Nacional. A ello se debe agregar la decisión del Consejo de tomar a su cargo el pro-
yecto, pero sin haber adoptado ningún acuerdo efectivo. Lo único denitivo hasta el
momento era el estudio preliminar de tipo arquitectónico levantado por el arquitecto
Velarde34. Todo indicaba que las trabas al proyecto pasaban tanto por la comisión res-
pectiva del Municipio limeño encargada de revisarlo, como por la Ocina Nacional
de Planeamiento y Urbanismo.
En junio de 1969 se decidió que la dirección técnica de Consejo Nacional de Con-
servación y Restauración de Monumentos Históricos y Artísticos llevaría adelante la
restauración de la casa, aunque el proyecto no se efectuaría de forma inmediata. Su
materialización dependería en gran parte de la sanción del proyecto de ley presen-
tado al Poder Ejecutivo por el Banco Hipotecario del Perú y el Consejo Nacional.
Con dicha ley se perseguía ofrecer diversas facilidades legales con el n de lograr la
restauración de los monumentos históricos por parte de sus mismos propietarios. La
participación del Consejo Nacional en la restauración fue ocializada mediante una
comunicación que dirigió esa entidad al Sr. Bonany. En ese mismo documento se indi-
caba que por decisión de los organismos que dirigían el Consejo se había autorizado a
su director técnico, el arquitecto Víctor Pimentel, para que asesore en las operaciones
civiles y artísticas35.
En febrero de 1970 se anunció que en el mes siguiente por n se iba a iniciar la
restauración, motivo por el cual los arquitectos Víctor Pimentel y Héctor Velarde
previamente inspeccionarían la casa a n de decidir las características de la inter-
vención36. Tras desalojar el lugar, que demoró algunos días, se procedió con la pri-
mera etapa que consistió en una serie de trabajos destinados a restituirle los perles
que poseyó en la época colonial. Se levantó un plano de distribución original del
inmueble, se apuntalaron las paredes y se realizó un análisis de las estructuras de la
construcción.
Mientras estas acciones se realizaban, el arquitecto Alberto Barreto Arce, del Consejo
Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos Históricos y Artísticos,
elaboraba el proyecto de restauración, el cual contemplaría el mantenimiento del bal-
cón colonial de treinta metros de largo por tres metros de alto, y la rehabilitación de
las puertas de madera y las ventanas de estilo, todo ello como parte de la segunda
etapa.
Pese a que en un primer instante se pensó acondicionar la nca para que sea un hotel,
hacia esta fecha el Sr. Bonany informaba de que el lugar mantendría el nombre con
que se la apodó, Posada del Oidor, pero que la primera planta sería sacada a licitación
33 Boletín Municipal. Año LXXXVIII, número 1773. Diciembre 1968.
34 El Comercio. Lunes 10 de marzo 1969.
35 El Comercio. Jueves 19 de junio 1969.
36 El Comercio. Jueves 26 de febrero 1970.
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La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza Mayor de Lima
para que sea empleada para actividades de empresas de turismo y compañías de avia-
ción, y la segunda planta como centro de comercialización artesanal37.
La noticia de la recuperación de esta histórica nca fue reconocida por especialistas y
autoridades. Además, al aproximarse la celebración del Sesquicentenario de la Inde-
pendencia (1971) su trascendencia era lógica. Por ese motivo, el alcalde de Lima, el
ingeniero Eduardo Dibós, no titubeó en incorporar la restauración de la casa al Progra-
ma de Recuperación de Monumentos Históricos que efectuaba la comuna. Justamente
en medio de los trabajos de restauración el alcalde Dibós visitó el lugar; ante la prensa
armó que la primera etapa debería estar lista para julio del siguiente año. El alcalde
estuvo acompañado del ingeniero Barreto Arce, quien por su lado sostuvo que los tra-
bajos se realizarían en tres partes: ejecución de trabajos de emergencia, a n de impedir
derrumbes en la nca; restauración y decidir qué uso se daría al inmueble restaurado38.
A pesar del esfuerzo denodado del Sr. Bonany, la nca no llegó a estar totalmen-
te restaurada para las estas del sesquicentenario. Los trabajos se realizaron con la
celeridad necesaria, pero prudente. La recuperación de una nca histórica con estas
características obligaba a ser minucioso en cada intervención por los detalles que ex-
hibía. Para el mes de octubre el primer piso estructuralmente ya estaba listo, tan solo
faltaban los acabados. En cuanto al segundo piso, todavía se proseguía con las labores
de limpieza, para posteriormente iniciar su total remodelación. Además, este segundo
nivel presentaba una mayor complicación debido, en primer lugar, al balcón que debía
ser consolidado, y segundo, por las frecuentes novedades con que se tropezaban los
ingenieros que dirigían la obra, en especial al descubrir estructuras nuevas39.
Figura 7
Vista de los trabajos de restauración, 1972.
Fuente: Archivo fotográco Biblioteca Nacional del Perú.
37 El Comercio. Jueves 24 de setiembre 1970.
38 El Comercio. Miércoles 4 de noviembre 1970.
39 El Comercio. Lunes 18 de octubre 1971.
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Otra de las razones de la demora fue la tardanza de los resultados del estudio del es-
tado del techo del segundo piso; se determinó que se construya sobre este uno nuevo
de concreto40. Empero, en marzo de 1972 los trabajos de restauración se paralizaron,
debido a que los gastos superaban ampliamente la suma presupuestada. El propietario
se vio en la necesidad de gestionar un préstamo para proseguir con la etapa nal del
proyecto. En junio recién se pudo reanudar41. El propietario se atrevió a aseverar que
el 28 de julio próximo se inauguraría la casa42.
En abril de 1974 nalmente se dio la grata noticia de que la casa terminó de ser res-
taurada, únicamente faltaba pintar el balcón. Si bien el color original era el verde,
pintarlo así signicaría desentonar con el resto de los inmuebles que rodeaban la plaza
Mayor43. Para conservar la casa se necesitaba, además de ser restaurada, de un soporte
legal, el cual llegó el 15 de octubre de ese año, al ser declarada Monumento por medio
de la Resolución Suprema Nº 505-74 ED.
La inauguración se efectuó el 31 de enero de 1975 con una gran exposición arqueoló-
gica sobre el pasado pesquero peruano, bajo el auspicio del Ministerio de Pesquería.
La exposición tenía la nalidad de «mostrar al Perú y al mundo que nuestra tradición
pesquera no es solo de ayer, sino desde hace diez mil años antes»44, así armó el mi-
nistro de ese portafolio, el capitán de navío AP Jorge Luna Cárdenas.
Figura 8
El propietario Pérez Bonany y el arquitecto Alberto Barreto, 1977.
Fuente: Caretas. Abril 5 de 1977, número 516.
40 La Prensa. Martes 18 de enero 1972.
41 El Comercio. Miércoles 31 de mayo 1972.
42 La Prensa. Martes 27 de junio 1972. En febrero de 1973 Bonany volvió a anunciar que en un plazo de
tres meses concluirían los trabajos. Las sucesivas postergaciones, según armaba, eran básicamente por
la falta de dinero para poder proseguir. La Prensa. Jueves 22 de febrero 1973.
43 La Prensa. Viernes 12 de abril 1974.
44 La Prensa. Domingo 26 de enero 1975.
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La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza Mayor de Lima
Figura 9
Vista de la casa totalmente restaurada, 1986.
Fuente: Archivo fotográco Biblioteca Nacional del Perú.
Para culminar con el análisis del devenir de la Casa del Oidor, en 1996 se ejecutó un
levantamiento catastral del inmueble, el cual permitió reconocer que poseía un área
de terreno de 383.69 m2, en tanto que el área de construcción fue de 869.5 m2. Estaba
compuesto de 6 predios.
Figura 10
Vista del inmueble, 1996.
Fuente: PROLIMA.
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Figura 11
Plano de la manzana, 1996.
Fuente: PROLIMA.
Conclusiones
A través del empleo de escrituras de compraventa, arrendamiento, concierto y testa-
mento se puede conocer el derrotero que tuvo la Casa del Oidor en el periodo colonial.
Luego que su primer propietario, el tesorero Alonso Riquelme, la heredara a su hija,
en los años siguientes prácticamente fue alquilada y en pocas ocasiones habitada por
su dueño del momento. Por otro lado, llama la atención cómo la casa pasó de ser sede
de una cerería, desde nales del siglo XVI hasta comienzos del XVIII, para luego ser
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La Casa del Oidor: un monumento histórico en la plaza Mayor de Lima
hogar de una importante familia noble limeña, siendo su miembro más representativo
el oidor Ambrosio Fernández de la Cruz y Martel. Entre sus logros estuvo el participar
en la elaboración de los estatutos del recién fundado Colegio de Abogados de Lima.
Además, que es a él a quien se debe el apelativo de Casa del Oidor, aunque tal sobre-
nombre recién lo recibió en la década de 1960.
Con la reconstrucción de la historia de la Casa del Oidor se rescata también una parte
del devenir de Lima. Debido a la posición estratégica en que se halla, aparece en la
mayoría de los grabados o imágenes existentes sobre la plaza Mayor, por lo que se
tienen registros visuales de la forma como cambió arquitectónicamente a lo largo
de los años. Por el grabado de 1680 se observan los dos pisos, aunque sin balcón; el
cual recién se apreciaría en el grabado de 1801. Esa estructura externa (sus dos pisos
y balcón) se mantendría a lo largo del tiempo, con variaciones leves. Su estructura
interna, en cambio, es la que sufrió variaciones considerables. Recordemos que, en el
siglo XX en particular, la casa fue subdividida para ser arrendada, lo que ocasionó la
modicación de sus espacios y divisiones en el interior. Entonces, se puede sostener a
través de las imágenes consideradas para esta investigación que el inmueble que hoy
se conserva en la plaza Mayor ya presentaba esa composición arquitectónica al menos
desde inicios del siglo XIX.
Figura 12
Vista actual de inmueble, octubre 2020.
Fuente: Archivo personal.
Por otro lado, a pesar de que la casa se ubica al lado de Palacio de Gobierno, se mantu-
vo incólume a los cambios arquitectónicos que se ejecutaron en esa parte de Lima. En
la década del 30 del siglo pasado se iniciaron modicaciones en diversos edicios que
rodeaban la plaza Mayor, e incluso instituciones como la Municipalidad de Lima o el
mismo Palacio de Gobierno por motivos externos tuvieron que variar su estructura de
acuerdo a la vanguardia de la época. Pese a ello, la casa no fue tocada; por esa razón,
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hoy en día se observa cierta asimetría en su arquitectura con la de los demás inmue-
bles. Hubo diversos intentos por modicarla, o peor aún, derrumbarla. Es ahí que jugó
un papel clave la intervención directa de las instituciones defensoras del patrimonio,
al igual que los intelectuales provenientes de diferentes disciplinas que alzaron su voz
porque prime la postura de conservar en vez de demoler.
La casa le da un aire colonial a la plaza Mayor, su restauración en la década del 70
signicó rescatar del abandono una parte de la historia de la ciudad. Fue en esa misma
década que obtuvo la categoría de monumento histórico, esta denominación permitió
que legalmente esté protegida ante cualquier intento de demolición o modicación.
En ese sentido, la intervención hecha y la declaración de monumento han sido los
elementos que, junto al reconocimiento social, permiten que se conserve.
Referencias
Fuentes primarias
Documentos manuscritos
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Vadillo, 1774, 1631; Pedro Pérez de Cabañas, 835, 1705; Gabriel de
Eguizabal, nº 225, 1738; José de Bustiza, nº 152, 1761; Ignacio Ayllón Salazar,
nº 18, 1812; Manuel de Uriza, nº 967, 1840; Felipe Orellana, nº 528, 1878.
Archivo General de Indias, Sevilla (AGI)
Justicia, 425, Nº 4. Pleito scal: Francisco de Plasencia 1552-1557.
Publicaciones periódicas
Boletín Municipal: 1968
Caretas: 1977
El Comercio: 1922, 1938, 1951, 1954, 1963, 1968, 1969, 1970, 1971, 1972
Documenta: 1949-1950
La Prensa: 1951, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975
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